El recetario SKITH de las relaciones humanas

El “Para-método” para atacar un problema difícil: Consulta con la Almohada aquello de lo que la Almohada sabe

En el trabajo hemos de ordenar nuestro comportamiento a los requerimientos del puesto que ocupamos. Sin olvidarnos de nosotros mismos, claro. Pero ahí estamos, trabajando duro, con dedicación, haciéndolo lo mejor posible. En ocasiones cogemos velocidad de crucero y, subyugados por el vértigo, empezamos a perdernos en el laberinto de las obligaciones, que son como el componente “higiénico” del trabajo. Hay que hacerlo. En este punto, la verdad es que no hay muchas salidas, para qué engañarnos.

Sin embargo, hay un ámbito que nos pertenece plenamente: el de las decisiones. Se nos dé mejor o peor, cuando hay que tomar una decisión difícil tendemos a darle demasiadas vueltas y además muy seguidas.

Caemos en una especie de “efecto tiovivo” que, salvo que seas niño, marea. Y en esa circunstancia de mareo difícilmente se puede hilvanar una idea serena y adecuada.

La experiencia dice que “con el simple paso del tiempo haciendo otra cosa, lo oscuro se vuelve claro”.

Así que hay que tomar aire, desconectarse del problema y dejar un cierto lapso de tiempo para evitar las agujetas mentales.

Y si la cosa se pone peliaguda, siempre podremos recurrir al consejo de las abuelas: “consúltalo con la almohada”, porque cuanto más arduo es un problema y más te agota un ejercicio, más descanso precisas.

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