Hace unos días hablando con un sobrino que acaba de cambiar de empresa y se ha incorporado a una corporación de cierto relieve, me contaba su indignación con <<los mayores de 60 años>>, “habría que largarlos a todos a calle”, “son desesperantes”.
Yo le preguntaba “¿es que no trabajan?”, y ahí ya matizaba un poco “que aunque no eran todos”, había muchos que “no hacían nada”.
Y la verdad es que hay unos cuantos así.
Pero esta tendencia a las jubilaciones a partir de cierta edad (de cincuenta y pocos para arriba te puede ocurrir en cualquier momento), es un desperdicio del conocimiento obtenido y del talento adquirido con el esfuerzo en el caso de los mejores profesionales.
Así que a la hora de decidir cómo hacemos para desplazar a los “dinosaurios”, porque ya es tiempo de promocionar a los que muestran más ambición o ansias de poder, nadie encuentra opciones.
No ser capaz de dar con la función en donde los seniors son realmente eficientes, pone de relieve que nuestra empresa (como ocurre a veces en el ámbito social general) ni es capaz de aprender al ritmo que marcan los acontecimientos, ni lo es de gestionar los avances de conocimiento que ella misma ha generado. Al pasito “palante” le sucede un pasito “patrás”.
La experiencia dice que, si aceptamos que nuestros seniors sean “barridos” hacia la nada periódicamente, estamos certificando que la empresa valora más la conveniencia que la eficiencia y que antepone los intereses de unos pocos al interés global.
