El recetario SKITH de las relaciones humanas

Dos orejas y una boca o como escuchar antes de hablar

Con frecuencia el principal problema en una conversación es que no existe intercambio de ideas entre interlocutores, sino tan sólo un simple cambio de turno en el uso de la palabra.

Pensamos más en lo que vamos a decir a continuación que en lo que nos están transmitiendo, buscamos más la pausa o el hueco en el discurso del “contrario” para introducir nuestro alegato, que en las ideas que nos puedan estar llegando.
Con frecuencia nos guía más la necesidad de expresar que la conveniencia de compartir.

Para aprender a que no sea la emoción lo que nos guíe cuando, lejos de una declaración de amor, más bien se trata de alcanzar un acuerdo, una buena experiencia es presenciar (y recordar) lo que ocurre cuando son otros los implicados.

Si podemos ver una discusión desde fuera, fácilmente tenemos impresiones del tipo: <<están diciendo los dos lo mismo>>; o, por el contrario, <<están hablando de cosas distintas>>.
Aunque las más habituales serían <<se nota que están enfadados>>, <<no se entienden>>, <<no se escuchan>>, o <<esto es más una pelea que una conversación>>; y terminar, al concluir la escena, con la sensación de habernos situados en el “campo después de la batalla”, con heridos y algún muerto incluidos.

La experiencia dice que si aprendemos a identificar las emociones que empujan las expresiones de nuestro interlocutor es más fácil sintonizar con él, se hace interesante escucharle y nos facilita hacer uso de la emoción más apropiada para la comunicación: el sentido del humor.

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