Es más que posible que en nuestro equipo haya personas reacias al cambio. Las hay en todos los equipos cuando alcanzan una cierta dimensión.
No son difíciles de identificar; son aquellos que se sienten satisfechos con su status actual, y sólo admiten los cambios que les beneficien. Algo muy humano, yo diría que inteligentemente humano.
No parecen fáciles de convencer y con frecuencia mantienen una postura firme, enrocada, que puede derivar en una escisión del equipo o en un malestar mantenido en el tiempo.
Nada que nos convenga para seguir ganando los siguientes partidos.
La experiencia dice que hay dos acciones efectivas con estas personas reluctantes:
1. Anticiparse a la oposición prevista: si tenemos un indio en la tribu que cada vez que pasa por delante de la tienda del jefe escupe hacia dentro, meterlo en la tienda le obligará a escupir hacia fuera. Así que debe ser el primero en subir a bordo del cambio.
2. Descubrir el origen de su resistencia. Si se basa en argumentos, incorporar las soluciones al proyecto y mostrárselo. Si se basa en la emoción (por ejemplo en el temor de la pérdida, o en aprovechar la ocasión de mostrar agresividad contenida), es una magnífica oportunidad para eliminar lastres y mejorar la relación. Con inteligencia emocional y atención individual.
