En este contexto globalizado donde se eleva a los altares el emprendimiento, la extrema flexibilidad y la resistencia a la incertidumbre, parece que tendríamos que estar continuamente inventando cosas nuevas, mensajes nuevos, presentaciones impactantes, sorprendiendo, estimulando.
Siendo maravillosa como es esa explosión de creatividad, es fáicl que nos haga perder el foco en lo que realmente debería importarnos: lo que es relevante para nuestros clientes.
Nuestra creatividad debe dirigirse a mantener la satisfacción del cliente, a poner sobre la mesa cuáles son los problemas y necesidades que nosotros debemos resolver cómo “proveedor”.
No se trata tanto de vender nuestro producto (que también habrá que venderlo) como de encontrar el producto que nos están demandando.
La Experiencia dice que la creatividad se articula cuando se desarrolla en torno a la cuestión a resolver, que es la que plantea el cliente.
