El recetario SKITH de las relaciones humanas

Talento, ¡ay mi talento!

Tanto buscar talento, tanto buscar talento, y resulta que lo teníamos delante.

En realidad, más que delante, dentro.

Entre los más prestigiosos prescriptores (si no “influencers”) de RRHH se habla del talento, de su búsqueda, de su atracción, de la mejor forma de retenerlo en la empresa. Todo ello como si se tratara de una especie de superpoder oculto, una cualidad divina, una naturaleza extraordinaria. Una potencia interior que convierte al común de los mortales en objeto de deseo laboral por poseer algo único, demandado, necesario, distinto.

Pues la experiencia no dice eso.

La experiencia dice que el talento de cada uno es algo que cada uno tiene que descubrir primero y potenciar (trabajárselo) después.

Todos somos talentosos si perseveramos en el autoconocimiento y en el esfuerzo, si es que lo deseamos.

Mientras tanto, dejemos que los demiurgos de RRHH sigan añadiendo ingredientes a la “poción mágica” del talento, que algunos no estamos ya para escuchar cuentos.

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