Sabemos que la naturaleza de la Comunicación incluye el hecho de que es fácil llegar a un amplio número de personas si se utiliza un lenguaje y un mensaje sencillos, potentes en su semántica, pero limitados de contenido
Quizá porque el organismo humano tiende hacia la economía de medios y el ahorro energético, apostamos por este tipo de soluciones sencillas, donde aparentemente no quepa el engaño. Si a la interpretación intelectual del <<lema>> propuesto añadimos la identificación que se produce cuando se comparten emociones en grupo, tenemos las dos claves de la manipulación: que sea algo fácil de entender y emocionante.
No cabe duda de que lo importante en las comunicaciones, además del contenido informativo que encierran, es la respuesta que generan. Algo que en ocasiones resulta difícil de prever por parte del emisor, sobre todo si existe una gran distancia de mentalidad, enfoque o pautas de pensamiento entre emisor y receptor. También se hace difícil cuando los objetivos no se comparten.
En las organizaciones medianas y grandes con frecuencia existen varios “idiomas”. Uno, el formal, imbuido de la cultura imperante. Otro, el que podríamos llamar consuetudinario, que es el que marca la costumbre, lo que es habitual hacer, decir o pensar. Si el primero enmarca el enfoque de la Dirección, el segundo determina lo que realmente se hace.
Lo importante de esta situación es que los contenidos informativos necesitan “ser traducidos” de un lenguaje a otro, es decir, precisan de interpretación.
Para traducirlos contamos con las personas que actúan como nodos de influencia (no necesariamente jerárquica) y con quienes ostenten la representación de los receptores, que no son sólo los sindicatos sino también otros “influencers”.
Para comunicar a lo largo y ancho de la organización, si “decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad” sólo tiene sentido en los juicios del cine norteamericano, tapar la narración de los hechos con valoraciones subjetivas es convertirse en el héroe-charlatán que enarbola su bandera al son de sus propios cánticos. Nadie te cree, todo el mundo te interpreta.






