Dicen que el cerebro está orientado a prestar atención al cambio, a lo que aparece en medio de la monotonía, a lo diferente a lo alternativo. Y hay que ver cómo está el patio buscando las palabras mágicas que generen ese efecto imán.
Dicen algunos que hay que aprender a desaprender, pretendiendo igualar los modelos cibernéticos con los neuronales.
Pero los hay aún más atrevidos, los que comercializan cualquier cosa que consiga causar impacto.
Por ejemplo “el vendedor de crecepelo”.
Ese que en los western clásicos llegaba en un carromato lleno de letras de colores hoy sube un vídeo a las redes sociales y empieza a vocear su milagroso artículo: el crecepelo.
Un crecepelo que hará reskilling de nuestra skin head y la elevará a una superskill head. Y está al alcance de todos, sólo con pagar y salir de nuestra “zona de confort”.
Pero si Vd. no necesita una solución específica porque todo lo que sabe es que las cosas no transcurren como le gustaría, también tengo el remedio: poseo el “ungüento amarillo”.
La fórmula de esta crema mágica me la dió a conocer Rafa, un antiguo masajista del Atlético de Madrid, que curaba todos los males, golpes, esguinces, torceduras, hematomas y demás con un elemento especial de su invención: el ungüento amarillo.
Primero operaba con lo que él llamaba el “agua milagrosa”, una especial formulación de hierbas y diversos elementos disueltos en agua, que ya en sí era sanadora. Pero para los casos especialmente difíciles, la mejor solución era el “ungüento amarillo”, una crema densa que calmaba prácticamente cualquier dolor, un “bálsamo de fierabrás” con efectos inmediatos de alivio y mediatos de curación.
Nuestra credulidad tiene límites muy anchos.






